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Porsche y Pedro Rodríguez: La unión exitosa que pudo no ser

Hubo un momento en el que la historia de Pedro Rodríguez con Porsche estuvo cerca de nunca ocurrir.

Sí, las imágenes icónicas de uno de los mejores pilotos de resistencia de to- dos los tiempos, con el modelo 917K pintado de azul, pudieron nunca existir, de no ser por el talento del mexicano que impresionó a quienes comenzaron como rivales pero que se convertirían eventual- mente en equipo cercano.

Corría 1969, año en el que John Wyer empezó las negociaciones para que su equipo fuera el oficial de Porsche rumbo a 1970. La oferta de la marca alemana fue darle dos modelos 917, pero uno debían ocuparlo sus pilotos estrella, Jo Siffert y Brian Redman.

A Wyer le permitieron elegir a los integrantes del segundo deportivo, consi- derando que no tenían una fe completa sobre la operación, ya que modelos 917 eran, en principio, inferiores a otras fabricaciones posteriores.

La primera persona que Wyer pensó contratar fue el mismo Rodríguez, dada su amistad fuera de las pistas y porque él confiaba en sus habilidades, sin importar las condiciones. Sin embargo, cuando el propietario británico expuso su in- terés por adquirir los servicios del mexicano, los altos mandos de Porsche se negaron por su historial con Ferrari, que hasta ese momento incluía un sinfín de triunfos en eventos importantes, desde Sebring hasta Daytona, pa- sando por el Autódromo Hermanos Rodríguez, Nurburgring, el Targa Florio y Nassau.

Fue hasta mayo de 1969 cuando la perspectiva de los ejecutivos cambió radi- calmente. En los 1000 km de Spa, Rodrí- guez y su coequipero David Piper brinda- ron una demostración de manejo notable con un Ferrari 312 P que, en principio, era ampliamente inferior a los pilotos oficiales de Porsche, que manejaban un 908.
No hubo momento en el que la máquina roja no fuera competitiva. La primera posición se hubiera sellado de no ser por- que un auto rezagado, curiosamente un 908, lo hizo perder el control de su máquina en Eau Rouge en la primera parte del recorrido. Al tener que ingresar a los fo- sos para revisar si había daños, y perder más de 3 minutos ante Siffert y Redman, Rodríguez y Piper debieron conformarse con el segundo sitio.

Así fue como Porsche se convenció de tener a Rodríguez en sus filas, por lo que en la primera oportunidad, Wyer lo con- trató. Como dato curioso, David Hobbs estaba destinado a ser coequipero de Ro- dríguez, pero tras un entrenamiento oto- ñal en Daytona, en el que rompió el motor del auto Porsche, la orden superior fue reemplazarlo con Leo Kinnunen, recién coronado en la Nordic Challenge Cup.

El resto fue historia para el trinomio patrocinado por Gulf, siendo las dos vic- torias en las “24 Horas de Daytona” (1969 y 1971) la condecoración más notable. Aunque los éxitos y números son el as- pecto más visible, la historia detrás de éstos también hace especial su luegado.




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